lunes, 26 de marzo de 2012

Olvidar de dónde vienes cuando el éxito llama a tu puerta

   Llevas tiempo pensado en una idea. Por la noche no puedes dormir porque algo te dice que podría funcionar. Lo cuentas a tus familiares y amigos más cercanos, algunos se ríen, otros te animan. Pasa el tiempo entre días en los que piensas que estás loco, y otros en los que sabes que podrías conseguirlo. Por fin te atreves y pasas meses preparando el terreno, rodeándote de personas que creen en ti. Llega el momento deseado y oficialmente te conviertes en emprendedor. La suerte lleva tiempo de tu lado y no tardas mucho en alcanzar éxito en tu negocio. Poco a poco llegan los grandes clientes, las grandes sumas. Poco a poco llega la tentación de convertirte en lo opuesto de lo que eras al principio de la aventura. 

     El párrafo anterior bien podría ser la descripción del comienzo de más de un emprendedor. La cultura emprendedora tiene numerosos rasgos que la hacen popular y merecedora de estima: horas de duro trabajo, espíritu de lucha, flexibilidad, agilidad, innovación, positivismo... En definitiva, el emprendedor posee y puede ofrecer ventajas competitivas que difícilmente se encuentran en las grandes empresas. No obstante, cuando la prosperidad llega a un negocio, el emprendedor puede optar por sustituir estas ventajas por otras más cercanas a las grandes organizaciones.


Wilhelm Lappe


     Qué sería lo más coherente en estos casos: ¿abandonar progresivamente la filosofía emprendedora, y estar más cerca de los ideales de los grandes empresarios? ¿O defender y remarcar la diferenciación que los hace más competitivos? Ambas cuestiones se presentan como un problema o una posibilidad. Wilhelm Lappe, emprendedor en nuevas tecnologías, ha experimentado ambas posturas. "Un emprendedor puede ir rápidamente a un nicho de mercado y ser muy eficiente en él. Esta diferenciación debería, por tanto, ser motivo de orgullo, y remarcarla como lo que nos hace más competitivos. En cambio ¿qué hacemos? Empezamos a contar los clientes grandes que tenemos. Empezamos a presumir de lo contrario de lo que somos".     

     Lappe apoya que un emprendedor no quiera ser pequeño toda su carrera. Para él, superarse y crecer es esencial, "acudir a empresas más grandes e intentar convencerlas, pero no a través de las buenas referencias que hayan podido dar otras grandes empresas, sino con las propias ventajas como emprendedores". Una pauta común es no apreciar la ventaja que pueden aportar otros clientes emprendedores, que a veces, debido al menor tamaño de la empresa, contribuyen mucho más rápido que otras organizaciones mayores. 

     Poder liderar un gran negocio ubicado en amplias y modernas instalaciones, que de empleo a muchas personas, debería ser el sueño de cualquiera que se adentrara en el emprendimiento. Sin embargo, para Lappe "aquel emprendedor que encuentra cómo ser mejor que los demás por un nuevo camino no debería perderlo, las particularidades que le hacen competitivo no debería abandonarlas, y debería unirse y rodearse de otros que son como él y multiplican su valor"

     Afortunadamente, las etiquetas suelen pecar de generalización y existen emprendedores que conservan su frescura en su carrera hacia la expansión. La reflexión debería ser también compañera en los negocios y así poder calibrar cuál de las dos posturas ayuda más a la competitividad. Lappe es un ejemplo de ello: "yo mismo puedo poner casos de todos esos errores que he cometido y sigo cometiendo, pero cada vez que me doy cuenta, trato de volver un paso atrás, que el fondo es un paso hacia adelante".


      Os dejo una presentación realizada por Wilhelm Lappe dirigida a los emprendedores potenciales. 

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